miércoles, marzo 07, 2007

¡Qué dolor!

Qué dolor más intenso y más profundo me da saber que somos subnormales y que tenemos lo que nos merecemos. Qué dolor el vernos atrapados en esa red invisible que tergiversa y contamina, que dice qué está bien y qué está mal, que nos protege de nosotros mismos.

¡Qué dolor compañeros, qué dolor!

Leamos los periódicos...

... veamos la televisión. Oigamos la radio. Escuchemos a los tertulianos y a los polemistas. Contaminémonos todos hasta que no tengamos opinión propia. Llenémonos de toda la información que nos es dada hasta que se nos derrita el cerebro, colapse y se convierta en una croqueta recubierta de plomo. ¡Y entonces destrinquemos los cañones y unámonos a la fiesta! Aquí hay leña para todo y para todos. Sentémonos al dionisíaco festín de suculentos manjares de aire que nos es ofrecido día a día, veamos esa película una y otra vez, y otra y otra hasta asegurarnos de que lo hemos entendido bien. Traigamos a nuestra familia y a nuestro hogar el Supremo Ruido que, a fin de cuentas ¿qué es nuestra casa sino una extensión de esta sociedad que nos vio nacer? Unámonos a la masa, somos la masa, formamos parte de la masa.

Unámonos, unámonos... desaparezcamos en Ella. Venga, todos conmigo. ¿Lo oís? Nos está llamando, es nuestro destino, nos llama... Ella nos llama.

viernes, marzo 02, 2007

La crisis grupal de turno, esta vez en WoW

Mi experiencia con ciertos grupos de personas me ha dejado algunas perlas de conocimiento excepcionalmente aplicables a la vida cotidiana. La primera y más importante de ellas es que el comportamiento de las personas en los grupos puede variar considerablemente al que muestran fuera de ellos. Otra, no tan importante pero muy interesante es que no hay grupo que al alcanzar un cierto tamaño y edad no tenga una crisis de identidad.

Pues bien, en mi guild del World of Warcraft, un variopinto grupo de personas llamado Those Who Fight (más claro imposible) hay en ciernes una crisis de esa índole.

He estado pensando en algunas razones para que siempre suceda así, pero tampoco importan demasiado ni son interesantes. Pero lo que sí me parece interesante es que se presenta la posibilidad de que esta crisis se solucione de una manera civilizada, y la razón de esto es que TWF es una guild donde parece ser objetivo prioritario el pasarlo bien.

Nació con el propósito de ser un punto de encuentro de personas adultas y con una cantidad de tiempo limitada para jugar. Un excelente compañero la definió acertadamente como un grupo de jugadores casuales. Y he estado pensando en que un grupo de personas así, sin más objetivo que el de estar juntos compartiendo lo que haya en ese momento, es más capaz de hacer frente a las crisis que se puedan presentar. Es un grupo más consistente y resistente ante lo que le venga.

Las crisis grupales siempre aparecen por el descontento de uno o varios de los miembros, usualmente cuando reciben menos de lo que consideran adecuado. Que este descontento devenga en una crisis de identidad en la cual salga a la palestra la razón de ser del grupo es cuestión de tiempo y de una serie de factores menores, pero siempre se termina dando. Pero cuando un grupo no tiene razón de ser más que sí mismo, entonces las crisis personales de sus miembros le afectan muchísimo menos y puede permitirse hasta obviarlas.

El caso de TWF, como infinitos grupos antes que ella, es una guild (o gremio), un grupo que se enfrenta al peligro de convertirse en un clan. Siempre hay personas que prefieren un clan a un grupo de amigos, pero lo que yo considero un clan es algo bastante más profesional y menos lúdico, dirigido a la consecución de ciertos objetivos, en este caso dentro de un videojuego. Obviamente un clan tiene ventajas inherentes a su condición de grupo semiprofesional, como una mayor cantidad de recursos y un nivel de implicación sensiblemente mayor de sus miembros. También tiene un sistema de reglas más rígido y trabajado. Está bien a su manera, pero yo no busco eso.

Una de las mayores ventajas que tiene WoW es que permite diversos tipos de interacciones sociales que sean satisfactorias. Dentro de él hay grupos extremadamente anárquicos conformados por colegas, y grupos más rígidos que los más gores clanes del Counter Strike, auténticos ejércitos.
Y es que cuando se llega al final del juego (nivel 60 con el básico y 70 con la expansión) se terminan las cosas que uno puede hacer solo y se empieza a primar el "raiding" (incursiones) en las que se requiere un grupo grande de personas (en ocasiones hasta 40 miembros). El juego está pensado para que, por muy poderoso que se sea, siempre haya algo contra lo que no te puedas enfrentar si no llevas a otros nueve compañeros tan inflados como tú a la batalla. Es obvio que entonces las guilds más profesionales y constantes serán las que más éxito tengan en ello. Pero esta idiosincrasia del juego para mí tiene el gran problema de que llegado a un punto la constancia y la profesionalización se pegan con el aspecto lúdico que para mí es básico.

Para algunos miembros de TWF la sensación es que no se hace nada, que da igual entre estar en la guild y no estar. Es una sensación que no comparto y que nace de la disparidad de objetivos y esperanzas que los miembros tienen puestas en el grupo, algo natural a fin de cuentas. Pero si el guild se termina convirtiendo en un clan, yo es bastante probable que me termine yendo a otro grupo o intente fundar uno con mis colegas. No me gasto 12 € al mes y un número elevado de horas para convertirme en un peon.

miércoles, febrero 28, 2007

Ciencias de la ¿información?

Descendientes directos en primer grado de una dama cortesana de dudosa moral... no no me satisface.

¡Hijísimos de la gran puta!

Es acojonante el nivel de desinformación que se está alcanzando en la sociedad actual, sociedad donde te dan los periódicos gratuitos por la calle, donde existen la radio y la televisión públicas y donde se tiene acceso a Internet casi desde cualquier sitio. ¿Quién OSTIAS ha permitido que se llegue al nivel de aberración informativa actual? ¿Qué clase de ente porcino ha podido alumbrar ciertos programas? ¿Qué tipo de enferma mente ha podido parir tal vertedero de despojos como el que se muestran los medios a diario?

Ahora mismo me imagino a cualquier estudiante en primer año de carrera de lo que antes se llamaba periodismo. Me imagino sus ansias de mostrar al mundo lo que sucede, de hacer algo útil e importante; pienso en todos los conocimientos que absorberá en los cinco años siguientes, en las situaciones que se imaginará preparada y profesional. En que se convertirá en un/una Periodista.
Y no puedo sino pensar también en la clase de malnacidos que harán que todo eso quede en agua de borrajas. Para coger un lanzallamas y...

En ese momento aparece una amiga de una compañera del curro a la que hace mucho que el autor no veía. Con una sonrisa radiante le da un beso y le abraza, habla a su compañera y le vuelve a abrazar otra vez. Al autor le gusta la sensación. Luego ellas se ponen a ver fotos del hijo de la compi y se ríen. Luego se van y hay otro beso y otro abrazo.

... Bueno, pues como decía, que en alguna parte se ha perdido el norte. No lo entiendo. No puede ser tan dificil hacerlo bien. No lo entiendo.

Espero que por lo menos los dueños de los medios y los eslabones que permiten esa situación sean inconscientes de lo que están haciendo, porque en caso contrario lo sentiré mucho por ellos y por la vida que llevan. Una lástima de potencial desperdiciado.

Prefiero pensar que son inconscientes a asumir la probable realidad. Duermo mejor.

miércoles, febrero 07, 2007

Hace poco...

... unos amigos cuya inteligencia respeto han tenido una interesante conversación acerca del cinismo y del optimismo.

Hay que ver cómo son las cosas. Son dos principios aparentemente contradictorios, pero complementarios. Complementarios si se aspira a ser feliz y consciente al mismo tiempo vaya.

Y yo... yo ni siquiera he llegado al nivel de ser mínimamente cínico. Me fallan la observación y el intelecto, el motor y la transmisión. Eso sí, a nivel teórico soy un hacha. Hay que fastidiarse...

Hay que fastidiarse.

viernes, febrero 02, 2007

Requisitos

De nuevo vuelvo a citar a la misma amiga que en la entrada anterior para recomendar la lectura de esta entrada y una detenida reflexión acerca de la misma.

Después de ver el blog de Cassandra se me acaba de ocurrir que yo soy dos cosas al mismo tiempo. Soy un ser humano, especie Homo Sapiens Sapiens, aunque a veces no haga valer los dos últimos términos en mi vida diara. Pero también soy una persona. Interesante

La primera característica la tengo solamente por existir y nada puede arrebartarmela. Pero la segunda... ah, la segunda. Ganar el status de persona no es sencillo. Ha sido un largo y a veces duro aprendizaje. He tenido que aprender a comunicarme en el lenguaje que se utilizaba a mi alrededor, a interaccionar correctamente con los elementos de mi entorno, a comportarme en sociedad, en suma. Y ha llegado un momento en el que, sin títulos ni fanfarria ni trompetas, me he convertido en una persona. Ha sucedido tan silenciosamente que, fíjate, no me he enterado de que ha pasado; de hecho ni sé cuándo puede haber pasado.

Hay personas que opinan, erroneamente, que el ser humano y la persona son lo mismo. Ambas características nacen de la sociedad, pero ésta es un status mientras que aquella es una característica. Están equivocados, posiblemente porque solamente se piensa en estas tonterías cuando se es las dos cosas al mismo tiempo, y a veces distinguir las dos formas es complejo.

Pero dentro del grupo que sí las distinguen hay otra división meridiana. A saber, aquellos que piensan que es el ser humano el soporte básico para la persona, y las que piensan que por el contrario, es la persona la que da sentido a la existencia del ser humano. Unos le dan más importancia a uno y otros al otro elemento. Los primeros, llevando su tesis al extremo, se convierten en hippies, y los segundos en urbanitas muy conservadores.

Pero me desvío de la idea madre de esta entrada que es intentar dilucidar qué requisitos son los que debe cumplir un ser humano para convertirse en una persona. Obviamente los requisitos para que la sociedad reconozca a un ser humano como suyo variarán de una sociedad a otra, pero las lineas maestras es posible que permanezcan inalterables. A fin de cuentas los que forman las sociedades son las personas, no los seres humanos. De hecho la definición de persona que tiene cada sociedad es muy clarificadora acerca del tipo de sociedad que es. En la Atenas de Pericles todas las personas eran libres y participaban de los asuntos del estado. Pero claro, dentro de la definición de persona de esa polis no entraban ni las mujeres ni los esclavos ni los sirvientes.

Voy a tomar como ejemplo la sociedad que me vio nacer, puesto que es la única que conozco a nivel profundo. Sin embargo hay algunas características generales que se me ocurre que podrían ser las siguientes: la primera es que el ser humano debe estar sano en grado suficiente para poder cumplir su cometido en las tareas comunes, sean cuales sean éstas. La segunda es que el ser humano debe ser capaz de comunicarse en el mismo lenguaje que el resto de miembros de la sociedad. La tercera es que el ser humano debe ser capaz de interaccionar y convivir correctamente con los elementos propios de la sociedad. El resto de reglas admitirían cierto grado de variación según la sociedad, como la edad que se debe cumplir para obtener la mayoría de edad, pero las lineas maestras que se me ocurren son esas.

Estas reglas no están escritas en ninguna parte, pero todos somos partícipes de ellas. Se nos ha educado para ello desde el principio, e intentar sustraerse a esos principios tan sólidamente afincados en nuestra psique requiere de un valor poco usual, que es el de otorgar al ser humano un valor acorde, es decir equivalente, al de la persona. Entonces se gana el inmejorable tesoro de ser capaz de autodefinirse, y por ende, de definir al resto. Se gana el tipo de personas que pueden cambiar sociedades.

Pongamos un ejemplo de regla variable: ¿es un negro una persona en Chicago? Yo lo considero así, y afortunadamente cada vez más personas opinan lo mismo. Pero retrocedamos unas décadas hacia atrás y pongamos a ese chico negro en un pueblecito cerca de Nueva Orleans. ¿A que ya no está tan claro el asunto? ¿Qué ha pasado en todo ese tiempo? Ha habido un concienzudo trabajo de pico y pala en EEUU para conseguir elevar a los seres humanos de la raza negroide al status de persona. Las mujeres siguieron un proceso parecido hace poco tiempo, y sigue habiendo muchísimos lugares donde se las considera menos el el hombre. La regla de "varón de raza blanca" ha estado vigente en muchos sitios, sigue estando en algunos, pero hay sitios donde nunca ha existido. Este es un ejemplo de regla variable.

Ahora uno de regla maestra: ¿es un tetrapléjico una persona? Actualmente y aquí sí, pero depende del grado de interacción que ese ser humano tenga con su entorno. ¿Es un autista una persona? La misma respuesta. La razón de esto es que esta sociedad nuestra es considerada muy tolerante porque otorga el rango de persona a cualquier ser humano, pero se ha salido habilmente por la tangente y ha creado una graduación o escala para definir cómo de persona se es. Un hombre adulto nacido aquí, con un buen trabajo, casado y con hijos, serio y cumplidor de la ley es el equivalente al diez. Una mujer con las mismas características es un ocho. Un adolescente en la edad del pavo es un seis y un septuagenario lúcido en silla de ruedas es un cinco. Un inmigrante marroquí es un cuatro. Un síndrome de down es un tres y un tetrapléjico es un uno. Esta graduación la hago no porque piense que sea correcta o buena, sino porque lo que he visto me impulsa a pensar que la escala puede ser algo parecido a eso. Pero es curiosa la manera que se ha tenido de sortear el espinoso asunto de definir a la persona. Muy... políticamente correcto. Pero no nos engañemos. Hay sociedades en las que un inmigrante, un down, un parapléjico, o un viejo, simplemente no tienen valor alguno. Por sus discapacidades pierden (o nunca ganan) el status de persona, de miembro de esa sociedad.

Yo, fruto de esta sociedad neoliberal y en la cresta de la ola, me inclino a dar más valor al ser humano que a la persona desde que tengo uso de memoria. Eso me ha convertido, hasta cierto punto, en un inadaptado, puesto que mi atención y mi energía están puestas en parcelas distintas a las de alguien más "socializado" y más atento a las habilidades destinadas a la interacción con los demás. Hay curro que hacer ahí porque el punto medio, punto medio de la excelencia, no de la mediocridad, guarda la llave de una puerta grande.

Estos, y otros pensamientos, son los que ha despertado ese simple video en el blog de Cassandra. El dar valor al ser humano es importante, pero también lo es darselo a la persona. Somos capaces de definir lo que es una persona y lo que no, de definirnos a nosotos y al resto de seres humanos. Es necesario ser responsable, puesto que con cada opinión se pavimenta un camino en una dirección u otra.